La deducibilidad del coche en el IRPF

¿Me puedo deducir el coche? Esta es quizás la pregunta que más nos hacemos cuando queremos saber cuál es, en el impuesto sobre la renta, el rendimiento fiscal que tendrá la actividad económica y cuánto habrá que pagar. Y la respuesta es: depende. La teoría, nos guste más o menos, es fácil de entender. A la práctica, la deducibilidad del coche (o de la moto) es, en la mayoría de veces, ciencia-ficción. Pero sí: el coche puede llegar a ser deduible.

Empecemos por la teoría. Si un empresario o un profesional necesita un coche, comprará el vehículo que más se adecúe a su actividad y lo destinará a su actividad económica. A partir de este momento, hay que tener en cuenta que hay que cumplir unos requisitos para que sea deducible: unos requisitos hacen referencia a la deducibilidad de cualquier gasto y otros, a su consideración de elemento afecto a la actividad.

Para deducir cualquier gasto hay que ejercer una actividad, incurrir en el gasto, que tiene que estar correlacionada con la obtención de los ingresos, disponer de la factura del proveedor, registrarla en el libro de gastos y deducirla de la actividad.

Si este gasto, además, tiene que ver con un elemento afecto a la actividad, habrá que tener en cuenta que tiene que registrarlo en el libro registro de bienes de inversión, amortizarlo, utilizarlo exclusivamente en la actividad económica y que, en caso de elementos indivisibles, tener en cuenta que no se admite la afectación parcial ni el uso personal accesorio o irrelevante.

Si falta cualquiera de estos requisitos el gasto no es deducible, salvo algunos supuestos muy específicos: transporte de mercancías o viajeros, representantes o agentes de comercio, enseñanza de conductores, o aquellos vehículos destinats a ser objeto de cesión con habitualidad y onerosidad.

En general, el problema que tiene el coche y cualquiera otro vehículo, sobre todo en el impuesto sobre la renta de las personas físicas, es que es muy difícil demostrar, no únicamente que necesitamos el coche para el ejercicio de la actividad sino también su afectación exclusiva a la actividad. El coche es un bien indivisible y como tal, la ley del impuesto exige su afectación exclusiva, de forma que si se usa un momentillo para ir a hacer un café o para ir el fin de semana a la playa, ya no se cumple el requisito de la exclusividad y ya no es deduible. Se puede intentar demostrar la afectación exclusiva a la actividad pero es imposible demostrar que el coche no se usa para necesidades privadas.

Hacienda lo tiene clarísimo. Por muchas facturas que presentemos, por muchas relaciones exhaustivas de viajes con el coche, por otros muchos coches que tengamos, por muchos kilómetros que hagamos, Hacienda no se va a creer nunca nunca nunca que el coche esté exclusivamente afecto a la actividad y no admitirá nunca nunca nunca la deducibilidad del gasto.

Los Tribunales también lo tienen claro pero atienden a las circunstancias del caso para decidir si el gasto ocasionado por el vehículo es deducible o no. Podríamos decir que depende de la prueba que se pueda aportar para intentar demostrar la exclusividad de la afectación del vehículo a la actividad económica junto con la carencia de actividad probatoria de Hacienda.

Por lo tanto, si alguien quiere deducir el coche, que prepare toda la prueba posible para poder demostrar que usa el coche únicamente en la actividad económica: es esencial, pues, elegir bien el coche, registrarlo en el libro de inversiones y amortizarlo, ponerle un logo a la puerta si conviniera, disponer de una lista detallada y exhaustiva de desplazamiento realizados y su relación con la actividad, tener un segundo coche -que a veces ayuda-, no llenar el depósito el domingo o festivo o durante las vacaciones, que los tickets de aparcamiento o peajes coincidan con los desplazamientos… de forma que todo ello, en su conjunto, pueda llegar a convencer a un Juez que la afectación es exclusiva.

Si el coche realmente se usa sólo por la actividad económica, no costará mucho probarlo. Seguramente la norma en sí misma no es justa y que se podría incluir en sede de renta un tipo de forfait similar al que hay actualmente en el IVA o permitir la deducibilidad del desplazamiento a tantos euros por kilómetro. Lo que es seguro es que, hagamos lo que hagamos Hacienda no se lo creerá, que iremos a Tribunales y que, si nos lo hemos trabajado bastante, quizás nos darán la razón.