La vecindad civil

No es suficiente saber donde vivimos, ni saber donde tenemos la residencia, ni saber si somos residentes fiscales o dónde es nuestra vivienda habitual. No es suficiente saber donde estamos empadronados ni si tenemos o no los permisos o visados necesarios para residir en algún lugar. Hay que saber también cuál es nuestra vecindad civil.

La vecindad civil determina nuestra ley personal. Es lo que vincula una persona con las leyes de un territorio. En un estado donde hay un buen número de territorios con diferentes normativas, es muy importante conocer qué normativa nos es aplicable en cada momento y en cada lugar donde podamos residir a lo largo de nuestra vida.

Tenemos que saber cuál es la norma que nos es aplicable cuando nos casamos o cuando hacemos testamento, o para saber cuál es la ley que regirá nuestra herencia, para saber cuáles  son las normas que determinan los derecho y deberes de la familia y las que regulan otros muchos aspectos de nuestra vida.

La vecindad civil se adquiere por nacimiento: En principio, una persona tiene la misma vecindad civil que sus padres. Una persona nacida de padres con vecindad civil común tendrá esta misma vecindad civil. Una persona con padres de vecindad civil catalana, tendrá la vecindad civil catalana. La vecindad no depende del lugar donde se ha nacido sino de los padres. Sólo cuando no pueda determinarse la vecindad civil de los padres, se tendrá la vecindad civil del lugar de nacimiento. Así, es posible que una persona nacida en Madrid tenga vecindad civil catalana si sus padres tienen esta vecindad en el momento del nacimiento. Y también es posible que dos hermanos tengan vecindades civiles diferentes, común y catalana, por ejemplo, si entre los dos nacimientos los padres han cambiado de vecindad.

Esto nos trae a otra cuestión: ¿se puede cambiar la vecindad civil? Sí. Y en la mayoría de los casos, el cambio se produce sin que nadie se entere.

La mayoría de los cambios de vecindad civil se producen por la residencia continuada en un territorio durante 10 años. Si un catalán se va a vivir en Palma de Mallorca y reside durante más de 10 años, adquirirá, automáticamente, sin que haga falta nada más, la vecindad civil mallorquina.

De forma consciente, se puede adquirir la vecindad civil por la residencia continuada en un territorio durante 2 años y se manifieste expresamente ante el encargado del Registro Civil, la voluntad de adquirir la vecindad civil de aquel territorio. El catalán que se  fue a vivir en Palma de Mallorca podía haber adquirido mucho antes la vecindad civil mallorquina si, pasados dos años de residencia, hubiera optado por esta vecindad.

De forma contraria, se puede evitar la adquisición automática de la vecindad civil si la persona, antes de que transcurran 10 años de residencia, manifiesta expresamente ante el encargado del Registro Civil, la voluntad de no de adquirir la vecindad civil de aquel territorio. En este caso, conservará la anterior.

¿Por qué es tan importante, pues, saber cuál es nuestra vecindad civil? Entre otros aspectos, para determinar cuál es la ley que regirá la herencia: la normativa común que la regula es muy diferente que la del Código Civil de Cataluña y muy diferente a la del País Vasco. Las legítimas, por poner un ejemplo, son muy diferentes: en el régimen común, la legítima puede llegar a ser de dos terceras partes de la herencia. En Cataluña, de una cuarta parte.

Con la movilidad actual, es muy fácil que haya situaciones no previstas ni queridas en relación a la norma a aplicar como consecuencia de un cambio de vecindad civil. Por lo tanto, si bien no se puede modificar la vecindad civil a voluntad, sí que hace falta al menos saber qué vecindad civil tenemos hoy y qué vecindad civil pueden tener nuestros hijos, para saber y prever las consecuencias.