Las voluntades digitales

Antes, cuando la gente se moría, los herederos se encontraban en casa todo tipo de papeles, fotografías, extractos bancarios, papeles manuscritos, recuerdos de todo tipo… en fin, un montón de cosas que se podían ver y tocar. Hoy, cada vez con más frecuencia, el difunto deja lo mismo pero de una forma distinta, que no se puede tocar, virtual: todo lo que ha ido colgando o guardando, a la fuerza o porque ha querido, en la nube. Por poco que pensemos, podremos hacer una lista bastante larga de las cosas que se encuentran en el mundo que, normalmente, conocemos por internet. Fotos en Instagram o Facebook, documentos en el Google Drive, correos electrónicos, documentos en el Dropbox o notas en el Evernote, extractos bancarios de la oficina virtual del banco, las notas y comunicaciones del colegio de los niños, los libros virtuales, la música o las películas que hemos comprado y que podemos escuchar o ver en cualquier momento… en fin, todo tipo de cosas que, si no disponemos del usuario y la contraseña, será practicamente imposible acceder. Cada vez será más importante plantearnos que es lo que queremos que se haga de todas estas cosas una vez muertos. Y, no únicamente en caso de muerte: también en caso de incapacidad.

Desde hace poco más de medio año, el Código Civil de Cataluña regula que pasa con estos datos. Y la verdad es que los herederos pueden hacer muy pocas cosas. De hecho, la parte más relevante es que, si quien hace el testamento o los poderes no lo autorizan expresamente, nadie podrá acceder al contenido que esté colgado en internet, si no es con autorización judicial.

En caso de muerte, si no se prevé nada, los herederos pueden comunicar a los prestadores de servicios digitales la defunción, solicitarles que se cancelen las cuentas activas y que ejecuten las cláusulas contractuales o que se activen las políticas establecidas para los casos de defunción de los titulares de cuentas activas.

También establece que si el causante no lo ha establecido expresamente en sus voluntades digitales, la persona a quien corresponde ejecutarlas no puede tener acceso a los contenidos de sus cuentas y archivos digitales, salvo que obtenga la autorización judicial correspondiente.

Esto quiere decir que los herederos se tendrán que limitar a comunicar a los prestadores de los servicios la defunción del titular y que se cencele sus cuentas. Pero no podrán acceder al contenido digital: ni las fotos, ni los documentos, ni a los extractos del cuentas bancarias, ni a ninguno de los contenidos colgados en la nube. Sólo podrán acceder con el permiso expreso del causante.

Todo esto es aplicable también a los poderes preventivos, que son aquellos que se otorgan para el supuesto de incapacidad sobrevenida. El titular de los datos digitales, dentro de los poderes preventivos, puede establecer a quienes corresponde la gestión de sus voluntades digitales y el alcance del poder para que, en caso de pérdida sobrevenida de la capacidad, el apoderado actúe ante los prestadores de servicios digitales para que pueda gestionarlos o cancelarlos y, si es preciso, para que puedan acceder o no al contenido de los mismos.

Así pues, cada vez es más importante que vayáis pensando qué queréis que pase con todas vuestras posesiones virtuales, quién puede gestionar vuestras cuentas y quien puede acceder al contenido. La manera de hacerlo es a través del testamento, otorgando unos poderes preventivos o bien registrando vuestras voluntades digitales en el registro de voluntades digitales.